Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Nada más cierto; para que el bendito chocolate llegase a los labios de Monseigneur se necesitaban cuatro hombres en toda la fuerza de la edad, con galones de oro en todas las costuras, y cuyo jefe, rivalizando con su noble y respetable amo, no podÃa existir sin llevar al menos dos relojes. Uno de estos criados llevaba la chocolatera a presencia de Monseigneur; el segundo espumaba el chocolate con el pequeño instrumento dedicado a este uso y del cual estaba encargado; el tercero ponÃa la jÃcara, el plato y la servilleta; y el cuarto, el de los relojes, vertÃa el lÃquido. Estos cuatro criados eran indispensables a Monseigneur para conservar el rango que ocupaba bajo los cielos inclinados ante su frente, y serÃa para su blasón una mancha indeleble que el chocolate que tomaba todas las mañanas se lo sirvieran innoblemente tres criados, y cosa de morirse de vergüenza si solo se lo sirvieran dos.