Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —No deis un paso o sois hombre muerto —respondió el guarda a la voz que salÃa de la niebla—. Viajero llamado Lorry, ¿queréis hablar?
—¿Quién me llama? —preguntó este con voz suave y vibrante—. ¿Quién necesita hablarme? ¿Sois vos, Jerry?
—SÃ, señor Lorry, os traigo una carta de Tellsone.
(«No me gusta la voz de ese Jerry, si es que se llama Jerry —murmuró el guarda entre dientes—: su ronquera me da que sospechar.»)
—Conozco a este hombre —dijo el viajero, dirigiéndose al guarda y saltando a tierra, ayudado, con mayor precipitación que cortesÃa, por los otros dos pasajeros, los cuales se apresuraron inmediatamente a subir al coche, cerrar la portezuela y levantar los cristales—. Podéis permitirle que se acerque —continuó el señor Lorry—; nada debéis temer.
«Es posible, pero eso no convencerÃa a una nación entera», se dijo el guarda, en irritado soliloquio.
—¡Hola!
—¡Hola! —respondió Jerry, con la voz aún más ronca.