Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Era un hombre de unos sesenta años, vestido con refinada elegancia, de gesto altivo, y con una máscara de palidez transparente por rostro, cuyas facciones delicadas revelaban una calma impasible. El único cambio de semblante que podÃa percibirse a veces en tal máscara de piedra se manifestaba encima de la nariz, en una ligera depresión cuya forma era, sin embargo, muy grácil, y en ciertas circunstancias se observaba en ella una tonalidad rojiza imperceptible y fugitiva, o débiles pulsaciones que daban un aspecto de crueldad y de astucia al resto del rostro. Si se le examinaba entonces con atención, se encontraba esta expresión de astucia y de crueldad en la boca y en la órbita de los ojos, cuyas lÃneas eran muy delgadas y horizontales. Sin embargo, el conjunto era elegante y muy distinguido.
El dueño de esta cara notable bajó tranquilamente la escalera, cruzó el patio y subió a su carroza. En la recepción que acababa de celebrarse, Monseigneur le habÃa manifestado poco interés y casi nadie le habÃa dirigido la palabra, y esta era la causa del estado de irritación que le llevaba a ver con gusto a la turba dispersándose delante de sus caballos. El cochero los obligaba a galopar como si cargase contra el enemigo, y su insensato afán de correr y atropellar no le procuraba el desagrado de su amo.