Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Qué hombre era ese?
—Más blanco que un molinero, señor, cubierto de polvo de pies a cabeza, alto y pálido como un espectro.
Este relato produjo una profunda impresión en la concurrencia, y todos los ojos se volvieron hacia el señor marqués para ver quizá si llevaba algún espectro en la conciencia.
—¿Y por qué no has dado voces cuando has visto que ese miserable iba asido a mi carruaje? Pero ¿qué más me dará a m� —dijo el señor marqués, felicitándose de no tener que inquietarse por semejante canalla—. Aleja a ese hombre, Gabelle.
El señor Gabelle[22] reunÃa los cargos de maestro de postas y recaudador de contribuciones. Se habÃa acercado al coche para asistir al interrogatorio del caminero, a quien habÃa sujetado por la manga de una manera completamente oficial.
—¡Atrás, animal! —dijo, empujándolo bruscamente.
—No dejes de ocuparte, Gabelle, de ese hombre que han visto debajo de mi carroza si viene por la aldea —advirtió el señor marqués— y procura averiguar sus intenciones.
—Tendré la honra de obedecer vuestra orden.
—Ese imbécil estaba aquà hace un momento. ¿Adónde ha ido?