Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Me alegro mucho de veros —le dijo—; os esperábamos hace algunos dÃas. Los señores Stryver y Carton decÃan ayer que os quedabais en Cambridge más tiempo del que os impone vuestro deber.
—Agradezco el interés que se toman por mà —respondió Charles con bastante tibieza—. La señorita Lucie… —añadió.
—Está muy bien. Ha salido a hacer algunas compras, pero no tardará en volver, y estoy seguro de que tendrá un gran placer en veros.
—SabÃa que no la encontrarÃa en casa —replicó Darnay—, y aprovecharé la ocasión para hablaros de un asunto muy importante.
Se produjo un largo silencio.
—Ah, ¿s� —dijo el doctor, visiblemente incómodo—. Acercad vuestra silla y hablad.
Charles obedeció en lo de la silla, pero lo de hablar no fue tan fácil.
—Tengo la satisfacción —dijo por fin— de merecer vuestra amistad desde hace dieciocho meses, y esto me da la esperanza de que el asunto del que he de hablaros…
—¿Tenéis intención de hablarme de Lucie? —preguntó el doctor, interrumpiéndolo.
—SÃ, señor.