Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Es un tema de conversación muy doloroso para mÃ, y os confieso que aumenta mi dolor el tono con que empezáis a dirigiros a mÃ, señor Darnay.
—Os hablo con la admiración más ferviente, con el amor más sincero, señor —respondió Charles en actitud respetuosa.
—Lo creo —dijo el doctor.
Este tardaba tanto en contestar y lo hacÃa con tan pocas ganas, que Charles Darnay le preguntó vacilando si podÃa continuar.
Habiéndole respondido con un movimiento de cabeza afirmativo, Darnay le dijo:
—Sabéis ya cuanto tengo que deciros, pero no podéis comprender qué importancia tiene para mà esta conversación, porque ignoráis la inquietud que hay en mi alma. Amo a vuestra hija con un cariño tan respetuoso como ardiente, y si algún corazón ha latido a impulso de un amor profundo y leal, dudo de que pueda compararse con el mÃo. Vos habéis amado, doctor; recordad vuestro antiguo amor…
El señor Manette habÃa vuelto el rostro hacia el techo y, al oÃr las últimas palabras del joven, tendió la mano exclamando:
—¡No me habléis de eso, por piedad! ¡Oh! No me lo recordéis.