Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Habéis entablado esta conversación para aseguraros de que os ama?
—No, doctor; al venir aquà no llevaba hasta tal punto mis pretensiones, pero espero, tal vez será una equivocación mÃa, que me permitiréis mañana que lo averigüe.
—¿Me pedÃs un consejo?
—No, deseo únicamente que me digáis lo que creáis más prudente.
—¿Habéis venido a pedirme una promesa?
—SÃ, doctor.
—¿Cuál?
—Sé muy bien que sin vos nada debo esperar, pues, aunque vuestra hija me amase, lo cual estoy muy lejos de suponer, no me guardarÃa su afecto contra la voluntad de su padre.
—Si eso es cierto, podrÃa producirse el efecto contrario. ¿No habéis pensado en eso?
—Es fácil comprender que una palabra vuestra en favor de cualquier aspirante inclinarÃa sus propios sentimientos y que vuestros deseos triunfarÃan sobre los suyos. Por esta razón os pediré esta palabra con peligro de mi vida.
—No lo dudo, señor Darnay, pero entre las personas más Ãntimamente unidas hay misterios impenetrables que nacen precisamente de su afecto, y yo no puedo adivinar qué se esconde en el corazón de Lucie.