Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Puedo preguntaros si algún hombre…?
—¿La ama?
—Eso es lo que querÃa deciros.
—Habéis visto aquà al señor Carton —respondió el doctor después de un instante de reflexión—, y el señor Stryver viene también algunas veces, de modo que solo podrÃa ser uno de los dos.
—A no ser que sean ambos.
—No lo creo, y hasta es probable que ninguno de ellos lo haya pensado. Pero ¿qué promesa es la que me pedÃs?
—Si vuestra hija os llega a hacer algún dÃa una confidencia como la que acabáis de oÃr, prometedme, doctor, que le repetiréis mis palabras y le diréis que las habéis creÃdo. Espero haberos inspirado suficiente aprecio para que no aboguéis contra mÃ; esto es lo único que os pido. Dignaos ahora imponerme las condiciones que tenéis derecho a exigir y las acepto, desde luego, sin restricciones.
—Os prometo hacer lo que me pedÃs y sin condición alguna. Creo firmemente todo cuanto me habéis dicho, y estoy convencido de que no intentáis desatar los lazos que me unen con la parte más querida de mà mismo. Si me dice que sois necesario para su felicidad, os la daré, señor Darnay.
El joven cogió la mano del doctor y la estrechó, con efusión.