Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Aun cuando existieran prevenciones motivadas —dijo el doctor Manette—, graves motivos de antipatÃa contra el hombre que amase, todo quedarÃa olvidado por su amor. Lucie encierra para mà el mundo entero, ejerce sobre mi alma más influencia que el dolor, que el recuerdo; es más poderosa que… Pero ¿qué iba a decir? —HabÃa una expresión tan extraña en su voz al enmudecer y en su mirada al perderse en el vacÃo, que Charles sintió cómo su propia mano se enfriaba entre la mano que lentamente se retiraba—. ¿De qué hablábamos? ¿Qué me decÃais? —añadió el señor Manette, sonriendo.
Aunque Charles, desde luego, apenas se atrevÃa a responder, se acordó de que habÃa hablado de una condición a cambio de la promesa que el doctor le habÃa hecho.
—Debo corresponder a vuestra confianza —dijo—. No ignoráis que el apellido que llevo actualmente, aunque se parece al de mi madre, es un apellido supuesto. Deseo que sepáis a qué familia pertenezco y por qué…
—¡No prosigáis! —exclamó el médico de Beauvais.
—Quiero, sin embargo, merecer vuestra confianza, no tener secretos para vos.