Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¡Callad… por favor! —El doctor, que se habÃa llevado las manos a sus oÃdos, las cruzó sobre los labios del joven—. Me lo diréis más adelante, cuando os lo pregunte, pero ahora no. Si os ama Lucie, me lo revelaréis después de casado. ¿Me prometéis no hablarme de eso hasta entonces?
—Os lo prometo.
—Ella va a volver y desearÃa que no nos encontrase juntos. Buenas noches y que el cielo os guarde.
El sol acababa de ocultarse cuando Darnay se retiró, y era ya de noche cuando Lucie volvió a su casa.
Corrió al salón y se sorprendió al no ver en él a su padre.
—¡Padre! —dijo, alzando la voz.
No oyó más respuesta que el ruido sordo de un martilleo en el gabinete y huyó aterrada. Pero, retrocediendo un momento después, se acercó a la puerta y lo llamó en voz baja. Cesó entonces el ruido del martilleo, el doctor salió a recibirla, y los dos se pasearon por el cuarto hasta muy avanzada la noche.
Después de acostarse, Lucie se levantó y bajó a verlo. El doctor dormÃa en un sueño profundo, y estaban ya en su sitio el banquillo, la espuerta de los instrumentos y el zapato empezado.