Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Eso mismo. Quiero decir —continuó Stryver, dándose importancia— que me dejo ver más en sociedad y conozco el medio de gustar al bello sexo mucho mejor que tú.
—Adelante —dijo Carton.
—Antes de continuar —prosiguió el abogado, moviendo la cabeza con su aplomo habitual—, quiero agotar la materia. Tú has sido recibido en casa del doctor Manette con tanta o mayor frecuencia que yo. Ahora bien, ¿por qué será que he tenido que avergonzarme siempre del aspecto tÃmido y pacato con que te presentas en esa casa? Tu silencio y tu facha dan compasión y risa al mismo tiempo. Te repito, Sydney, que estoy avergonzado de ti.
—Es una gran ventaja para un miembro del colegio de abogados tener vergüenza —repuso Sydney—; tendrÃas que estarme agradecido.
—No te vas a salir tan fácilmente con la tuya —replicó Stryver—. Debo decirte como amigo, y te lo diré a la cara y por tu propio bien, que no he visto en sociedad figura más falta de gracia que la tuya, especialmente delante de señoras.
Carton se rio y se bebió un vaso del ponche que ya estaba preparado.