Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Sabéis que vais a volver a la vida?
—Eso me han dicho.
—¿Estáis contento de volver a vivir?
—No lo sé.
—¿Tengo que traérosla o vendréis a buscarla?
Las respuestas que daba el espectro a esta pregunta eran contradictorias. Unas veces murmuraba con voz entrecortada:
—Hay que esperar; su presencia me matarÃa si la trajeseis muy pronto.
Otras veces decÃa con amor y prorrumpÃa en llanto:
—Llevadme a su lado.
O bien exclamaba con acento delirante:
—¿Qué queréis decir? No conozco a nadie; no os entiendo.
Después de este diálogo imaginario, el señor Lorry cavaba, cavaba, cavaba la tierra, ora con una azada, ora con una enorme llave, ora con las uñas, para liberar al desgraciado que debÃa volver a la vida. El espectro salÃa por fin con los cabellos y el rostro cubiertos de tierra, y volvÃa a caer de pronto reducido a cenizas.