Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

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—Recuerda bien lo que voy a decirte —continuó—; mañana has de obedecerme, pues de lo contrario me oirán los sordos. Si me favorece la suerte, y traigo un pedazo de carne, quiero que comas y no me des por excusa que te basta el pan seco, y si, como honrado comerciante, puedo comprar cerveza, no me vengas con la sempiterna cantinela de que solo bebes agua. Cuando vayáis a Roma seguid la costumbre de Roma, y yo soy para ti Roma y la costumbre. Cuando pienso en la tenacidad con que desprecias el origen de nuestro sustento, me admiro de que no hayamos ido a parar al cementerio de hambre, mujer sin corazón. Contempla a tu hijo, y mira qué flaco está y qué acabado. El primer deber de una madre es engordar a sus hijos.

Conmovido el muchacho por estas palabras que le interesaban en su sentido más directo, suplicó a su madre que cumpliera con un deber tan imperioso.

Así transcurrieron algunas horas hasta que Jerry hijo fue a acostarse. Su madre, invitada, con palabras nada corteses, a imitar su ejemplo, no tardó en obedecer, y el jefe de la familia fumó varias pipas hasta el momento de ponerse en camino para su expedición.



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