Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Asà transcurrió la primera parte del dÃa. Dieron las doce y entraron dos viajeros en el arrabal de Saint Antoine. Uno de ellos era monsieur Defarge, y el otro, un caminero que se distinguÃa por su gorro azul y por estar cubierto de polvo. Se encaminaron a la taberna, pero el rumor de su llegada, esparciéndose de calle en calle, habÃa encendido en el arrabal un fuego interior que rostros inflamados revelaban en puertas y ventanas. Sin embargo, nadie los siguió y, cuando entraron en el local, ninguno de los parroquianos les dirigió la palabra.
Pero, habiéndoles dado monsieur Defarge los buenos dÃas, todas las lenguas se desataron y devolvieron el saludo.
—Mal tiempo, señores —dijo el tabernero, moviendo la cabeza.
Cada cual miró al que tenÃa al lado, bajó la mirada y se sentó en silencio.
Entonces se levantó un individuo y salió de la taberna.
—He hecho una gran parte del camino con este hombre que se llama Jacques —continuó el tabernero, dirigiéndose a su mujer—. Le he encontrado por casualidad a unas veinte leguas de ParÃs. Dale de beber, porque tiene sed y es un excelente compañero de viaje.
Se levantó otro individuo y salió mientras la tabernera daba un vaso lleno al recién llegado.