Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Qué te parece? —preguntó el primero de los tres Jacques.
—Hay que ponerlos en la lista.
—Sà —respondió el tabernero—, hay que destruirlos.
—¿La familia y el castillo?
—La familia y el castillo —confirmó el tabernero—: exterminio completo.
—¿Estás completamente seguro de que nuestro modo de llevar las cuentas no nos creará algún dÃa dificultades? —dijo Jacques segundo al tabernero—. Es un lenguaje muy secreto porque nadie sabe que exista: pero ¿podremos descifrarlo… o, más bien, será ella capaz de hacerlo?
—Jacques —respondió el tabernero, irguiéndose con orgullo—, mi mujer grabará de tal suerte en su memoria todas nuestras cuentas que no perderá una sÃlaba. No temas: esa faja de punto de media que, según una combinación especial, forma una escritura de caracteres fijos, no dejará de ser clara para la que la hace. Créeme: le costarÃa menos al último de los cobardes salir de este mundo que borrar del punto de media de mi mujer una letra de su nombre o de la lista de sus crÃmenes.
Un murmullo de aprobación acogió estas palabras y no se habló más del asunto.