Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Espero que mandemos a ese campesino a su pueblo —dijo el tercer Jacques—; es tan ingenuo que podrÃa ser peligroso.
—No sabe nada de los demás —respondió el tabernero—, y todo lo que podrÃa decir solo servirÃa para hacerle prender. No temáis, eso corre de mi cuenta. Le enviaré cuando convenga; quiere ver al rey, a la reina y toda la corte; y me propongo darle ese gusto el domingo.
—¡Cómo! —exclamó el hambriento—. ¿Puede contarse con un hombre que desea ver a la nobleza y al rey?
—Jacques —respondió Defarge—, enseña leche a un gato si deseas que tenga sed, y pon un perro delante de su presa si quieres que algún dÃa te la traiga.
Los cuatro Jacques no hicieron más observaciones y se dispusieron a bajar de la buhardilla. En los primeros escalones encontraron al campesino, que se habÃa dormido, y le aconsejaron que fuese a acostarse en el jergón. El buen hombre no se hizo repetir la invitación, y muy pronto se sumergió en un profundo sueño.