Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Qué te ha dicho Jacques de la policÃa? —preguntó a su marido.
—Lo único que sabÃa —respondió el tabernero—; se ha nombrado un nuevo espÃa para nuestro barrio, y tal vez haya algún otro, pero no ha sabido decÃrmelo.
—¿Te ha dado las señas? —preguntó madame Defarge, arrugando el entrecejo con expresión sombrÃa—. ¿Qué hombre es ese?
—Un inglés.
—Mejor. ¿Cómo se llama?
—Barsad —respondió Defarge.
—Barsad —repitió la tabernera—. ¡Bien! ¿Y su nombre de pila?
—John.
—Bien. ¿Y se sabe algo de cómo es?
—Edad, unos cuarenta años; estatura, un metro ochenta y uno; pelo negro; tez morena; el conjunto del rostro, más bien agraciado que feo; ojos hundidos; cara delgada, larga y pálida; nariz aguileña separándose de la lÃnea recta e inclinándose hacia la izquierda; semblante, por lo tanto, siniestro.
—El retrato es completo —dijo la tabernera—; lo apuntaré mañana.