Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Y quién lo habrá preparado? —preguntó madame Defarge con firmeza—; nada de lo que hagamos quedará perdido. Creo firmemente que tomaremos parte en la victoria, pero si estuviera convencida de lo contrario y tuviera en mis manos el cuello de un aristócrata, de un noble, lo…
Y apretó los dientes e hizo otro nudo con rabia.
—Tampoco yo retrocederÃa ante ningún peligro —afirmó el tabernero avergonzándose, como si conociera que su mujer le acusaba de cobarde.
—Lo creo, pero necesitas estar cara a cara con tu vÃctima y ver la ocasión para sostener tu valor, y eso es debilidad. Saca las fuerzas de ti mismo, sean cuales sean las circunstancias, y cuando llegue el momento sé un tigre, un demonio, pero que tigre y demonio estén hasta entonces encadenados, y dispuestos siempre a atacar sin que nadie sospeche su existencia.
La tabernera descargó un golpe sobre el mostrador con el pañuelo lleno de dinero para recalcar sin duda sus palabras y, colocándoselo después debajo del brazo, manifestó con tranquilidad que era ya hora de acostarse.