Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Su marido estaba fumando delante de la puerta de la taberna y la contemplaba con admiración.
—¡Terrible y esforzada mujer! —murmuraba—. Su entusiasmo admira y aterra al mismo tiempo.
La noche amontonó lentamente sus sombras y se oyó el tañido de las campanas y el rumor lejano de los tambores de la guardia real, pero las mujeres continuaban haciendo punto y, después de envolverlas la oscuridad, se oÃa aún el choque de las agujas de acero.
Otras tinieblas no menos densas habrÃan de envolverlas algún otro dÃa, cuando aquellas campanas, que entregaban su voz al viento en sus jaulas aéreas, se transformasen en cañones atronadores y el redoble del tambor ahogase los gritos y lamentos; cuando aquellas mujeres, tan envueltas en sombra que ni siquiera podrÃan verse a sà mismas, estarÃan sentadas alrededor de un armazón aún sin construir haciendo punto y más punto, y contando las cabezas que cortarÃa el verdugo.