Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Me parece —le dijo a la señorita Pross— que lo más prudente es dejarlo solo. Necesito indispensablemente ir a la Banca Tellsone, pero volveré enseguida. Lo llevaremos a pasear en coche, comeré aquÃ, y estoy seguro de que todo irá bien.
Pero, como era más fácil para el señor Lorry entrar en la Banca Tellsone que salir, su ausencia se prolongó más de dos horas.
Cuando volvió, subió la escalera sin hablar con el aya y se dirigió al gabinete del doctor, donde le detuvo el ruido de un martillo.
—¡Cielos! —exclamó estremeciéndose.
La señorita Pross estaba a su lado temblando y despavorida.
—¡Todo se ha perdido! —exclamó con desesperación—. ¿Qué le diremos a nuestra niña? No me ha conocido y ha vuelto a coser zapatos.
El señor Lorry, después de emplear todos los medios para tranquilizar al aya, entró en el cuarto del doctor. El banquillo estaba vuelto hacia la luz como la primera vez que vio al zapatero trabajando, y este, con la cabeza inclinada, parecÃa muy atareado.
—¡Doctor, querido doctor!