Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades El doctor Manette no respondió a esta pregunta, pero cuando, sentado en la sombra y apoyando los codos en las rodillas, se puso la cabeza sobre las manos, pareció repetirse a sí mismo:
—¿Quién me lo impide?
La señorita Pross y el banquero se repartieron la tarea de velar durante la noche y le observaron desde el aposento de al lado. El doctor se paseó por el cuarto mucho rato, pero por fin se acostó y durmió enseguida. Al despertar, muy temprano, se dirigió al banquillo y continuó su trabajo.