Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Como no obtuvo respuesta, el banquero hizo ademán de despedirse, y no volvió al gabinete hasta después de una hora. El doctor Manette se sentó junto a la ventana y se puso a mirar el plátano, pero, cuando vio entrar al banquero corrió a sentarse en el banquillo.
El tiempo transcurrÃa con dolorosa lentitud, y cada tarde era más débil la esperanza del señor Lorry y estaba su corazón más afligido. Concluyó el tercer dÃa, pasaron el cuarto y el quinto, y el hombre de negocios esperó seis, siete, ocho, nueve dÃas, cada vez más desconsolado, que recobrase la inteligencia su desgraciado amigo.
El secreto se habÃa guardado bien y Lucie era feliz. Pero el señor Lorry veÃa con dolor que el viejo zapatero, que el primer dÃa manejaba mal la lezna, adquirÃa una habilidad desconsoladora. Nunca habÃa trabajado con más ahÃnco ni sus dedos habÃan sido tan ágiles y expertos como la tarde del noveno dÃa.