Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Pero la respuesta era evidente: si la inquietud que había sentido no había tenido un motivo real, si todo lo que creía haber visto no había sido más que un sueño, ¿cómo es que se hallaba en aquel sitio él, Jarvis Lorry de la Banca Tellsone? ¿Cómo había ido a dormir vestido en un sofá, cerca del gabinete del doctor Manette? ¿Cómo, en fin, se hacía estas preguntas en la puerta de aquel gabinete a una hora tan impropia para una visita?
Algunos minutos después el aya le hablaba al oído y, si el hombre de negocios hubiera albergado aún alguna duda, las palabras de la señorita Pross habrían acabado de convencerle; pero había recobrado completamente su presencia de ánimo y se acordaba muy bien de todo lo que había sucedido.