Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Querido Manette, tengo un vivÃsimo deseo de conocer vuestra opinión, enteramente confidencial, sobre un caso muy curioso que me interesa sobremanera. Cuando digo muy curioso, hablo por mÃ, y es muy posible que con los conocimientos que tenéis sobre semejante materia penséis de una manera muy distinta.
El doctor echó un vistazo a sus manos ennegrecidas por el trabajo y no pudo ocultar su turbación; luego escuchó atentamente.
—Querido Manette —continuó el señor Lorry tocándole el brazo—, el caso de que os hablo se refiere a un hombre a quien apreciáis como un hermano. Os suplico que me prestéis toda la atención que os sea posible y que me deis un consejo: os lo pido por el bien de ese amigo y especialmente de su hija, ¿lo oÃs, doctor? Por su hija.
—Si entiendo bien —dijo el doctor en voz baja—, ¿se trata de una conmoción mental?
—Precisamente.
—Sed explÃcito —repuso el doctor—, y no omitáis el menor detalle.