Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Se trata, en efecto, amigo mÃo, de un una conmoción ya muy antigua y prolongada, muy aguda y severa, que afectó a los sentimientos y… y al estado mental, como bien expresáis. El estado mental. Se trata de una conmoción espantosa que aquejó al paciente no se sabe cuánto tiempo, pues no creo que ni él mismo pudiera calcularlo y no hay otros medios de hacerlo. Tampoco podrÃa explicar de qué manera paulatinamente insensible recobró sus abatidas fuerzas; asà se lo he oÃdo declarar en público de un modo que no olvidaré nunca. En una palabra, superó tan terrible conmoción, y fue tan completa su curación que hoy es un hombre de elevada inteligencia, capaz de esfuerzos sostenidos, tanto en lo moral como en lo fÃsico, y que aumenta de dÃa en dÃa la suma de conocimientos que poseÃa en otro tiempo. Pero, desgraciadamente, hemos tenido —el señor Lorry hizo una pausa y exhaló un profundo suspiro— una ligera recaÃda —añadió por fin.
—¿De larga duración? —preguntó el doctor.
—De nueve dÃas.
—¿Con qué sÃntomas se ha manifestado? Supongo —el doctor se miró las manos— que el enfermo habrá vuelto a tomar cierta ocupación Ãntimamente ligada a esa conmoción.
—Asà ha sucedido.