Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Habéis tenido ocasión —continuó el doctor con firmeza aunque en voz baja—, habéis tenido ocasión de verle en otro tiempo entregado a la ocupación de la que habláis?
—SÃ, una vez.
—¿Se ha parecido en esta última recaÃda de algún modo a lo que era entonces?
—En todos los sentidos.
—Hablabais de su hija; ¿sabe ella que ha tenido esa recaÃda?
—No, se ha guardado el secreto, y espero que nunca lo sepa. Solo han tenido noticia de esa desgracia el amigo y otra persona en quien se puede confiar igualmente.
El doctor Manette estrechó la mano al señor Lorry, y murmuró:
—¡Cuánta bondad! ¡Qué delicadeza y qué atenciones!
El señor Lorry estrechó también la mano del doctor, y hubo un momento de silencio.