Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿SerÃa para mi amigo un alivio contar, haciendo un esfuerzo, esas penas a alguien?
—Creo que sÃ, pero, como acabo de deciros, le serÃa muy difÃcil, y, hasta en ciertos casos, completamente imposible.
—¿Cuál es a vuestro parecer la causa de ese nuevo ataque? —preguntó el señor Lorry, apoyando su mano en el brazo del doctor.
—Creo —respondió— que diversos incidentes han despertado en vuestro amigo todo un orden de ideas y de recuerdos que fueron el origen del mal; que pensamientos e imágenes dolorosas habrán renacido en su mente de una manera demasiado viva, y que es probable que temiera desde hacÃa tiempo esa crisis, porque sabÃa qué asociación de ideas crearÃa en él un hecho… una circunstancia particular, a la cual trató en vano de acostumbrar su espÃritu, pero el esfuerzo que esta preparación le exigÃa tal vez haya vuelto a abrir todas sus heridas.
—¿Creéis que se acuerda de lo que le ha ocurrido en esta última crisis? —preguntó el señor Lorry, vacilando.
El doctor lo negó con desconsuelo, y respondió en voz baja:
—No, de nada.
—¿Y qué debemos esperar?