Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —No lo creo —respondió el doctor Manette con convicción—; solo una cosa, un solo caudal de ideas podrÃa acarrear la consecuencia que suponéis, y puedo afirmar que en adelante serÃa necesario hacer vibrar esa cuerda con terrible violencia para que el mal se renovase. Después de lo que ha sucedido, no veo nada lo bastante fuerte para conducir a semejante choque, y la conmoción más poderosa ha producido ya todo su efecto.
Hablaba con la desconfianza de un hombre que sabe cuán frágil es la mente humana y, no obstante, con la firmeza del que ha adquirido, a costa de superar pruebas, la seguridad que puede tener en sà mismo.
No debÃa el señor Lorry disminuir la confianza del doctor, y manifestó por el contrario mayor satisfacción de la que sentÃa en realidad. Asà se preparó a entrar en su segunda objeción. La materia era espinosa, y no sabÃa por dónde empezar, pero acordándose de una antigua conversación que habÃa tenido un domingo con la señorita Pross, y especialmente de lo que habÃa visto los últimos dÃas, se dio cuenta de que era indispensable dar el difÃcil paso.