Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —La recaÃda de mi amigo —dijo carraspeando para aclarar la voz— se ha manifestado, como habéis dicho vos mismo, con el antiguo trabajo al que se habÃa dedicado en otro tiempo, y que es… el de un herrero, sÃ, de un herrero. Diré, pues, para expresar más exactamente mi idea, que tenÃa en otro tiempo la costumbre de trabajar en una fragua, y en ella precisamente se le ha encontrado hace algunos dÃas cuando menos lo esperábamos. ¿No os parece que ha hecho mal en conservar ese recuerdo de una época desastrosa?
El doctor se cubrió los ojos con una mano y dio una patada al suelo con agitación febril.
—Mi amigo ha conservado esa fragua en un rincón de su alcoba, ¿no hubiera sido más prudente separarse de ella? —continuó el señor Lorry, con una inquieta mirada.
El doctor no cambió de gesto y volvió a dar una patada en el suelo con la misma agitación.
—Os es difÃcil decidiros sobre este punto —dijo el señor Lorry—. Sé que la cuestión es delicada. Me parece, sin embargo… —Negó con la cabeza y no terminó la frase.