Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¡Si supierais —respondió el doctor, volviéndose hacia él después de un penoso silencio— cuán difÃcil es explicar en su justa medida la lucha que se entabla en el alma de ese pobre hombre! ¡Deseó en otro tiempo con tanto afán dedicarse a esa ocupación manual y sintió tan vivo alborozo cuando se la concedieron! Fue para él un gran consuelo, porque sustituyó en un principio la incertidumbre de la mano por las vacilaciones de su espÃritu, y después, cuando fue más diestro, la satisfacción del buen éxito por el tormento moral; por eso nunca ha podido resolverse a abandonarla. Hoy mismo, cuando cree en una curación completa y expresa su propia confianza, la idea de que un dÃa podrÃa necesitar ese trabajo y no encontrar a mano sus herramientas le causa un terror súbito, análogo al que hiela el corazón de un pobre niño perdido.
Asà lo demostraba claramente la alteración de su rostro.