Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades La misma noche que siguió a su marcha, el señor Lorry, armado de un escoplo, un hacha, una sierra y un martillo, y acompañado por la señorita Pross, que llevaba la luz, entró en el gabinete del doctor Manette y, después de cerrar la puerta con gesto misterioso, procedió a la destrucción del banquillo de zapatero mientras el aya, cuya figura displicente estaba en armonía con el acto, alumbraba como si asistiera a un asesinato. Cuando el banquillo quedó convertido en astillas, quemaron los restos en la chimenea de la cocina, y después se trasladaron al jardín para hacer un auto de fe con las herramientas, los zapatos y el cuero.
El horror que inspira a las almas honradas la destrucción y el secreto es tan grande que, al cumplir con su obra caritativa y hacer desaparecer sus huellas, el señor Lorry y la señorita Pross sentían las mismas emociones y estaban igual de pálidos que si perpetrasen un crimen espantoso.
