Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Me prometes no repetir las preguntas cuando no quiera responder?
—¡SÃ, lo prometo! ¿Qué no te prometerÃa yo, ángel querido?
En efecto, ¿qué podÃa negarle él a aquella mujer deliciosa cuyos rubios cabellos separó para ver mejor el rostro, mientras ponÃa la otra mano en aquel corazón que latÃa para él?
—Charles, ese pobre Carton merece ser tratado con más consideración y respeto de lo que has hecho esta noche.
—¿Será cierto, ángel mÃo? ¿Y por qué?
—He aquà una de las preguntas que no debo responder, pero estoy segura de lo que digo.
—Eso me basta; también yo lo creo. ¿Cuáles son ahora tus órdenes, alma mÃa?
—Quiero pedirte que seas generoso con él, Charles querido, que tengas indulgencia con sus defectos y le defiendas cuando esté ausente. Quisiera convencerte de que tiene buenos sentimientos, porque, aunque pocas veces lo manifiesta, abriga un corazón desgarrado por profundas heridas. Yo he podido verlas y ver caer sus lágrimas.
—Siento en el alma haber sido injusto con un hombre que te ha descubierto su corazón —repuso Charles, sumamente sorprendido—; nunca habrÃa pensado que Carton abrigara sentimientos de ternura. Lo compadezco.