Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Y acudía hacia ella, lanzando salvajes alaridos, un enjambre de mujeres diversamente armadas, pero empujadas todas por el hambre y la venganza.
¡Fuego y humo! ¡Cañones y metralla! Se veían aún el foso profundo, el puente levadizo, las recias murallas y los ocho torreones. El mar bravío se abría, formando un remolino, cada vez que caía algún herido; las armas centelleaban, chisporroteaban las antorchas y los carros de heno mojado ardían y humeaban; se alzaban barricadas a todas partes; por todas partes se oían clamores, gritos de entusiasmo, de odio y de valor, crujidos, la voz de la artillería y los rugidos furiosos de las olas vivientes, ¡y se veían aún el foso profundo, el último puente levadizo, las paredes de piedra y los ocho torreones! El cañón de Defarge estaba al rojo vivo después de cuatro horas de espantoso combate.