Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Os beso las manos —respondió el señor Lorry, que hizo un segundo saludo con ademán respetuoso, y tomó asiento.
—Caballero —continuó la joven—, ayer me enviaron de la Banca Tellsone una carta con ciertas noticias… un descubrimiento…
—En efecto, señorita; se trata de noticias interesantes.
—Serán relativas a la modesta fortuna que me dejó mi padre. ¡Pobre padre a quien nunca he conocido! ¡Hace tantos años que murió…!
El señor Lorry se agitó en su silla y lanzó una ojeada de turbación a los cupidillos negros que rodeaban el espejo como si en sus canastillas hubiera alguna cosa que pudiera acudir en su auxilio.
—Según me dicen en la carta debo salir para ParÃs, donde encontraré a un representante de la Banca Tellsone que esos señores han tenido la bondad de enviar para acompañarme.
—Ese soy yo.
—Lo sospechaba, caballero.
La joven le saludó haciendo la profunda reverencia habitual en aquellos tiempos, con el deseo de manifestarle todo el respeto que le inspiraban su edad y su talento. El viajero se inclinó por tercera vez.