Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Pasa lentamente la antorcha por delante de estas paredes para que pueda verlas —dijo Defarge al carcelero.
Este obedeció, y el tabernero, sin dejar de mirar la pared, siguió la luz con atención.
—¡Párate! Mira aquí, Jacques.
—¡Una A y una M! —dijo Jacques tercero leyendo con avidez.
—Alexandre Manette —respondió el tabernero, con el índice profundamente incrustado en la pólvora, señalando las iniciales—. Las escribió un pobre médico, y sin duda también fue él quien hizo este calendario. Dame esa barra de hierro.
Defarge llevaba aún en la mano el botafuego y lo cambió por la barra con la que Jacques iba armado. Se volvió entonces hacia la mesa y el banco y los hizo pedazos.
—Levanta la luz —ordenó con impaciencia al carcelero—. Registra esos pedazos de madera, Jacques, y mira con atención. Coge mi cuchillo, abre el jergón y examina bien la paja. ¡Más alta la luz!