Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Defarge, jadeando, se destacaba sobre un fondo de miradas inflamadas y labios entreabiertos congregados fuera de la puerta.
—¿Qué sucede? —preguntó la tabernera.
—Traigo noticias del otro mundo.
—¡Del otro mundo! —repitió madame Defarge con desdén.
—¿Hay aquà alguien que se acuerde del viejo Foulon, aquel miserable que dijo un dÃa que, si el pueblo se morÃa de hambre, más le valÃa comer hierba? HabÃa muerto y habÃa ido directo al infierno.
Nadie habÃa olvidado a Foulon.
—Hay noticias de él.
—¿No murió? —exclamaron todas las voces.
—¡Insensatos! TenÃa tanto miedo de nosotros, y con razón —continuó el tabernero—, que se hizo pasar por muerto y celebrar un magnÃfico entierro, pero vive como nosotros. Lo han encontrado en una aldea donde estaba escondido, y lo han traÃdo; lo acabo de ver. Lo han conducido al Hôtel de Ville, donde muy pronto será despachado. Razón tenÃa de temernos, ¿no es cierto?
Si aquel viejo pecador de setenta años hubiera podido dudar de lo que tenÃa que temer, se habrÃa convencido al oÃr la imprecación que respondió al tabernero.