Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Al llegar allí, madame Defarge lo suelta, como hubiera hecho un gato con un ratón, y lo contempla con sangre fría, mientras él intenta enternecerla. Las mujeres lo miran y lo insultan, y los hombres piden que muera con la boca llena de hierba. Lo cuelgan, pero la cuerda se rompe. Vuelven a colgarlo, y vuelve a romperse la cuerda, y lo ponen en pie entre furiosos alaridos. Finalmente, la tercera cuerda tiene piedad de él y lo estrangula. Clavan su cabeza en el extremo de una pica, y llenan su boca de hierba y, al verla así, la gente grita de alegría y baila con frenesí.
No había terminado aún la sanguinaria tarea de aquel día. Saint Antoine se había exaltado tanto bailando y gritando que su sangre se recalentó cuando le anunciaron que llegaba bajo escolta de quinientos caballos el yerno de Foulon, otro enemigo del pueblo. Y Saint Antoine, después de apuntar en deslumbrantes hojas de papel los crímenes del yerno, corrió a prenderlo en medio de los quinientos guardias —se lo habría arrebatado a un ejército— para ahorcarlo en compañía de su suegro. Su cabeza y su corazón fueron puestos en el extremo de una pica y paseados por la ciudad como trofeos.