Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Pero no era esto lo que había cambiado la aldea, y muchas otras aldeas. Hacía mucho tiempo que Monseigneur había forzado sus tierras a producir todo lo que producir pudieran, y era raro que las favoreciese con su presencia; solo lo hacía cuando se entregaba a los placeres de la caza, ya para perseguir a los hombres, ya para atacar al ciervo o a la liebre, animales cuya conservación exigía la reserva de terrenos considerables condenados a una bárbara esterilidad. No. Lo que cambiaba la fisonomía de aquella aldea era la aparición de extrañas figuras que pertenecían a la ínfima plebe, y no la desaparición de las facciones de noble estirpe que caracterizaban a Monseigneur.