Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Se dieron la mano, y el viajero se sentó al lado del campesino.
—¿No comes?
—No, no comeré hasta la noche —dijo el caminero, con gesto hambriento.
—Es la moda —murmuró el viajero—; en ninguna parte he encontrado a nadie que coma.
Sacó del bolsillo una pipa ennegrecida, la llenó lentamente, encendió yesca y chupó hasta que el tabaco quedó completamente encendido. Sacándosela entonces de la boca, arrojó en ella unos granos de pólvora que prendieron de pronto y formaron una pequeña columna de vapor ceniciento.
—¡A ver esa mano!
Estas palabras las pronunció el caminero después de observar atentamente la operación.
—¿Esta noche? —preguntó, después de estrecharle la mano.
—Esta noche —respondió el forastero, volviéndose a poner la pipa en la boca.
—¿Dónde?
—AquÃ.
Los dos Jacques guardaron silencio mientras el granizo caÃa sobre ellos, pero, en cuanto se despejó el cielo, se pudo ver claramente la aldea, y el desconocido le dijo al caminero, después de subir al extremo de la colina: