Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Después de una tarde húmeda y sofocante, Charles Darnay, con los codos apoyados en el escritorio del señor Lorry, hablaba en voz baja con su antiguo amigo. El antro penitenciario reservado en otro tiempo a las entrevistas con los jefes de la casa servÃa ahora de Bolsa de Noticias y estaba lleno de curiosos. Faltaba media hora para cerrar las puertas del despacho.
—Sois indudablemente uno de los hombres más jóvenes que han existido —decÃa Charles con cierta vacilación—, pero no puedo menos de manifestaros…
—¿Que soy demasiado viejo? —preguntó el señor Lorry.
—Una estación rigurosa, un largo viaje, la incertidumbre de los medios de transporte, un paÃs desorganizado, una ciudad donde vos mismo debéis temer…