Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Al amanecer llegaron por fin a las murallas de París. La barrera estaba cerrada y custodiada por una fuerza numerosa.
—¡Los papeles del preso! —dijo con resolución una de las autoridades de la guardia que había sido llamada por el centinela.
Charles Darnay, ofendido naturalmente al oír aquel desagradable apelativo, suplicó al jefe con amabilidad que observase que era un ciudadano francés y que viajaba libremente, con escolta, en efecto, pero exigida por la situación del país y pagada de su bolsillo.
—¡Los papeles del preso! —repitió el mismo individuo sin prestar la menor atención a sus palabras.
El patriota de la embriaguez crónica llevaba en el gorro los papeles y los entregó a quien los pedía. El jefe se turbó al ver la carta de Gabelle, manifestó alguna sorpresa y miró al señor Darnay con detenimiento.