Historia de dos ciudades

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Sin embargo, entró en el puesto de guardia sin pronunciar una palabra, dejando a la escolta fuera de la barrera. Charles Darnay, en este estado de incertidumbre, observó que la guardia de la puerta se componía de algunos soldados y de muchos patriotas, que los carros de legumbres y otras mercancías, los campesinos y los comerciantes de toda clase que abastecían la ciudad entraban sin estorbo, pero que era muy difícil salir hasta para la gente más llana. Una multitud compacta de hombres y mujeres de toda condición, un contar los animales y vehículos, esperaban que les abrieran el paso; pero el examen previo de los individuos que debían ser identificados se practicaba con tanto escrúpulo que la barrera no se levantaba sino muy lentamente. Algunos, sabiendo que faltaba mucho para que les tocase el turno, se tumbaban a dormir o fumar, mientras los demás hablaban o se paseaban. Hombres y mujeres llevaban el gorro rojo y la escarapela tricolor, cuyo uso era general.

Después de media hora de espera, Charles vio salir nuevamente al jefe que había pedido sus papeles, el cual entregó a los dos patriotas un documento en el que acusaba recibo del preso y mandó a este que desmontase. El viajero obedeció, y la escolta, llevándose su caballo, dio media vuelta sin cruzar las murallas de París.


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