Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Charles Darnay siguió al hombre que le habÃa mandado desmontar y entró en una sala del puesto de guardia que olÃa a vino y tabaco, y donde algunos soldados y patriotas, dormidos o despiertos, borrachos o en ayunas, o entre uno y otro de estos diversos estados, yacÃan en los rincones, se apoyaban en las paredes o estaban en pie en medio de la sala. La luz que los alumbraba, procedente a un tiempo de los últimos reflejos de una lámpara moribunda y de los primeros rayos que se colaban entre el cielo encapotado, oscilaba indecisa entre las sombras de la noche y la claridad del dÃa. Se veÃan en una mesa varios registros, y delante de ellos un hombre de aspecto sombrÃo y grosero.

—Ciudadano Defarge —dijo, disponiéndose a escribir y dirigiéndose al que acompañaba a Darnay—, ¿es ese el emigrado Evrémonde?
—SÃ, ciudadano.
—¿Qué edad tienes, Evrémonde?
—Treinta y siete años.
—¿Estado?
—Casado.
—¿Dónde?
—En Inglaterra.
—¿Dónde está tu mujer?
—En Londres.