Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Es muy sencillo. Te han destinado a la cárcel de La Force, Evrémonde.
—¡Por Dios! —exclamó Darnay—. ¿Por qué delito y en nombre de qué ley me priváis de la libertad?
El patriota levantó los ojos y miró al preso.
—Existen nuevos crÃmenes y nuevas leyes desde que partiste de Francia, Evrémonde —dijo con una sonrisa cruel y tomando la pluma para escribir.
—Os suplico que observéis que he venido por mi propia voluntad para responder al llamamiento de uno de mis conciudadanos, cuya carta tenéis, y pido que se me permita hacerlo sin dilación; ¿no estoy en mi derecho?
—Los emigrados no tienen ningún derecho —respondió con aspereza su interlocutor, que continuó escribiendo, leyó el auto de prisión, puso arenilla en el papel y se lo entregó al ciudadano Defarge, diciéndole: «En secreto».
Defarge indicó al preso con la mano en que tenÃa el papel que lo siguiese, y salieron del puesto de guardia escoltados por dos patriotas.
—¿Sois vos? —le preguntó el tabernero en voz baja cuando entraron en ParÃs—. ¿El que se casó con la hija del doctor Manette, antiguo preso de la Bastilla de execrable memoria?
—Sà —respondió Darnay, mirándolo con sorpresa.