Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Yo me llamo Defarge y soy tabernero en Saint Antoine. ¿Habéis oÃdo hablar de mÃ?
—Muchas veces; mi mujer fue a buscar a su padre a vuestra casa.
Las palabras «mi mujer» llamaron súbitamente al orden al ciudadano Defarge, y su rostro se entristeció.
—En nombre de ese afilado retoño que acaba de nacer, y al que han llamado Guillotina, ¿por qué habéis venido? —dijo con impaciencia.
—Ya lo habéis oÃdo hace un momento; ¿creéis que no es verdad?
—¡Triste verdad para vos! —dijo Defarge, con expresión siniestra, mirándolo fijamente.
—En efecto, todo está tan cambiado, tan diferente de lo que existÃa en otro tiempo, que ya no reconozco nada; me parece que estoy perdido. ¿Queréis prestarme un servicio?
—Ninguno —dijo Defarge sin volver la cabeza.
—¿Queréis al menos responder a lo que voy a preguntaros?
—Según lo que sea.
—¿Podré comunicarme libremente con el exterior desde esa cárcel adonde se me envÃa contra toda justicia?
—Ya lo veréis.