Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Van a sepultarme allà sin juzgarme, sin oÃr mi defensa?
—Ya lo veréis. Y, aunque asà sucediese, ¿qué os admira? Otros han estado sepultados en cárceles peores que esa.
—No tengo yo la culpa, ciudadano.
Defarge le contestó mirándolo de soslayo y siguió andando con más rapidez.
Viendo Charles que cuanto más se prolongase el silencio menos esperanza tendrÃa de ablandar al tabernero, se apresuró a añadir:
—Ya sabréis que es para mà de la mayor importancia dar aviso de mi llegada a un agente de la Banca Tellsone de Londres, que se halla actualmente en ParÃs, para que sepa que estoy en la cárcel de La Force. ¿Queréis anunciárselo?
—No —respondió Defarge con tono brusco—. Pertenezco al pueblo y a la patria, y he jurado servirlos contra vosotros.
Charles comprendió que serÃa inútil reiterar su súplica y, por otra parte, se lo impedÃa su orgullo.