Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Mientras andaba, y a pesar de los pensamientos que le distraían, pudo observar la indiferencia con que la gente veía llevar un preso. Tenía ya que estar, tras un largo hábito, muy familiarizada con este doloroso espectáculo, porque apenas los niños se volvían para mirarlo. Un hombre bien vestido conducido a la cárcel era algo tan común en aquella época como un jornalero vestido de diario yendo a su trabajo.
Al pasar por una calle estrecha y llena de lodo, Charles vio a un fogoso orador que, encaramado en un banco, explicaba a su auditorio los crímenes que el rey y la familia real habían cometido contra el pueblo. Las pocas palabras que oyó anunciaron a Charles Darnay que el rey estaba preso y que habían salido de París los embajadores de las potencias extranjeras.