Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Todo esto fue visto y no visto. El hombre que va a ahogarse o se halla frente al peligro verÃa un mundo en un minuto si lo tuviera ante sus ojos. Los dos amigos se apartaron de la ventana, y el doctor interrogó con la mirada a su amigo acerca de aquel espectáculo.
—Asesinan a los presos —dijo el anciano bajando la voz—. Si es cierto que tenéis la influencia de que hablabais antes, daos a conocer a esos salvajes y corred con ellos a La Force. No sé si será tarde pero no hay que perder un segundo.
El doctor salió precipitadamente y sin sombrero y llegó al patio en el momento en que el señor Lorry volvÃa a asomarse a la ventana. Sus largos cabellos canos, su rostro venerable y la confianza con que se abrió paso entre las armas llenaron de asombro a los espectadores, y en menos de un minuto llegó al centro del grupo que rodeaba la piedra. La máquina se paró, y hubo un momento de silencio. Después se oyó un murmullo que fue creciendo y al cual se unió la voz del doctor.
El señor Lorry vio que el grupo se movÃa, que veinte hombres rodeaban al doctor Manette y que salÃan del patio gritando:
—¡Viva el preso de la Bastilla! ¡Paso al preso de la Bastilla!
—¡A La Force a liberar al yerno del preso de la Bastilla!