Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Un estremecimiento recorrió todo el cuerpo de la joven, que dijo casi sin aliento:
—No voy a encontrar a mi padre, sino a un espectro.
—Todo lo sabéis ya, señorita, lo mejor y lo peor —dijo el señor Lorry dando cariñosas palmaditas a la mano de la joven—. Nada temáis. Partimos para Francia, donde os espera vuestro padre. El tiempo es magnÃfico; la marea, favorable; y nuestro viaje será corto y próspero.
—Yo era libre, era feliz —murmuró la señorita Manette como si hablase en sueños—, y su sombra no se me apareció nunca para acusarme de mi alegrÃa.