Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Después de mirar frÃamente a la suplicante, madame Defarge se volvió hacia la Venganza y dijo con voz glacial:
—Nunca se ha hecho caso de las esposas y las madres que hemos conocido nosotras, y con frecuencia les han robado a sus padres y maridos para hundirlos en un calabozo. Desde que estamos en el mundo hemos visto sufrir a nuestras hermanas y a sus hijos, y padecer frÃo, hambre, sed, opresión y todas las miserias y todos los desprecios.
—No hemos visto otra cosa —dijo tranquilamente la Venganza.
—Pues bien —añadió madame Defarge dirigiéndose a Lucie—, ¿crees que pueda interesarnos el dolor de una esposa y de una madre?
Y, volviendo a hacer punto, salió acompañada de la Venganza y seguidas de Defarge, que cerró la puerta.
—¡Valor, hija mÃa! —dijo el señor Lorry, ayudando a Lucie a incorporarse—. ¡Valor! Todo va bien. ¡Qué diferencia entre vuestra suerte y la de tantas pobres criaturas! Vamos, hija mÃa, no os desalentéis; tenéis que estar agradecida a la Providencia.
—Lo sé, y no soy tan ingrata con ella; pero esa mujer ha lanzado sobre mà una sombra que oscurece el porvenir y mata mi esperanza.